Las salinas de San Javier se localizan a unos 3,5 kilómetros al norte del núcleo poblacional de Cofrentes. Están situadas en el barranco del Tollo, un afluente de la rambla del Oroque por su margen derecha, tributaria del Júcar. Ubicadas al oeste del cinto de las Ventanas, es posible acceder a ellas mediante dos caminos. A través de un vial de tierra que parte de la carretera N-330 a la altura del puerto de montaña de la Chirrichana, o por camino asfaltado que arranca desde el Campo del Cura. Por este segundo itinerario, se llega a un ensanche junto al camino a modo de mirador panorámico, en el que se encuentra instalado un cartel explicativo sobre las salinas. Recientemente, se ha habilitado un sendero desde el ensanche hasta el fondo del barranco para su acceso exclusivo a pie.
.Las salinas conformaban una explotación para la producción de sal a partir de la evaporación solar de agua captada de un acuífero salobre del barranco, al estar situadas sobre un domo salino de dos pozos, uno en cada margen del barranco. Esta singular actividad antrópica está vinculada con la geología de la zona, concretamente con la facies Keuper del Triásico superior, en la que aparecen terrenos de yesos, arcillas y margas de diversos colores que generan una singular composición cromática en el paisaje. Así, estas salinas aprovechaban las aguas que circulaban entre los niveles yesosos y salinos del Keuper. El paisaje circundante es de badlands, debido a la deleznabilidad de los materiales y a la acción erosiva de las aguas.
La explotación de las salinas comenzó en la primera mitad del siglo XX (1929) y su producción, de sal gorda, se destinaba principalmente a un uso industrial, y más recientemente, para las carreteras en épocas invernales, con objeto de evitar la formación de placas de hielo. Estuvieron en funcionamiento hasta principios de los años 90 del pasado siglo. En el año 1996 fueron adquiridas por el ayuntamiento.
El sistema está constituido por un conjunto de balsas de poca profundidad ubicadas en distintos niveles, limitadas por muros de contención de escasa altura. Aguas abajo de estos reservorios, junto al cauce del barranco, es posible encontrar manchas blancas formadas por los cristales de halita. Aunque las instalaciones se encuentran abandonadas, las balsas de decantación y evaporación, realizadas principalmente con piedra y madera, junto con otros peculiares elementos, se conservan en relativo buen estado. Las instalaciones se ubican en ambas márgenes del barranco, aunque la mayoría de componentes se encuentran en la orilla derecha.
En el año 1997, las salinas fueron incluidas en el inventario de humedales de la Confederación Hidrográfica del Júcar como un espacio natural con un alto valor medioambiental. Sin embargo, tres años después, fueron excluidas de este inventario por la Conselleria de Medio Ambiente, debido a una nueva explotación que se estaba haciendo de sus aguas como ampliación de la oferta terapéutica del balneario de Hervideros. La conducción de salmuera, de varios kilómetros, transporta las aguas salobres desde las salinas hasta las instalaciones del referido centro termal. A pesar de ello, este enclave posee un relevante valor medioambiental.

Las salinas de San Javier aparecen citadas en el estudio “Datos para el conocimiento del patrimonio minero de la comarca valenciana del Valle de Cofrentes - Ayora (Valencia, Comunidad Valenciana, Sistema Ibérico)”, elaborado por J. M. Mata Perellò, P. Alfonso Abella, F. Climent Costa, D. Parcerisas Doucastella y J. Vilaltella Farràs. Este trabajo fue presentado en el XIV Congreso sobre Patrimonio Geológico y Minero celebrado en Asturias el año 2013, en el que se recomienda salvaguardar este patrimonio.
Según el artículo “El guardián de la sal”, de Jorge Antonio Catalá (2006), Felipe V decretó, el 13 de enero de 1712, que se incorporase al real patrimonio la salina que el duque de Gandía poseía en su señorío de Cofrentes. La investigación afirma que esta antigua salina ducal era sólo una de las diversas fuentes salíferas del término de Cofrentes, de modo que era sencillo para los habitantes proveerse de sal para su propio consumo, al margen de los alfolíes reales.